miércoles, 7 de mayo de 2014


Hoy miro desde el alfeizar de mi ventana las estrellas, hace una noche calurosa y sin embargo dentro de mi corazón siento frío. Muchas veces cuando me asomo a estas horas espero ver el bonito cielo estrellado que veía en mi niñez desde mi sitio favorito en el pueblo... cuando al mirar arriba veía una gran masa celeste con miles de lucecitas que tintineaban en el firmamento ... que sensación más perturbadora el saberse tan pequeña e insignificante en medio de tal majestuosidad ... y pensar que hoy en día en esta ciudad solo se ven nubes grises de noche contaminada y los dos o tres astros puntuales que nos permite apreciar la gran contaminación lumínica ... 

El caso es que cuando miro hacia arriba veo, sin ver, aquel cielo de entonces que evoca una época de mi vida llena tanto de llantos como de felicidad, de desesperación y de alegría, de esperanzas y espectativas de un futuro que hoy en día me parece incierto y en gran medida imposible ... Hoy me doy cuenta de que no supe apreciar aquellos años en los que suplicaba salir de allí, huir de los que me hacían daño y empezar de nuevo en otro lado, sin suponer, que cuando eres o pareces ser débil siempre hay quien, independientemente del lugar donde te halles, sacará partido a tu debilidad en su beneficio. Hoy miro sin ver aquellos días, hoy siento dolor, pero también veo las cosas desde otra perspectiva, siempre tuve que ser una niña solitaria y hoy eso no ha cambiado demasiado, pero ... siempre encontraré, por pequeña que sea la estrella que vea,  un eco de aquel rinconcito con el que me consolaba pensando en lo insignificantes que eran mis problemas y hasta mi propia existencia mientras miraba a un universo que me bañaba con su luz celeste.


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