domingo, 30 de diciembre de 2012

bum-bum bum-bum bum



Está oscuro… y de repente empieza a hacer frío, ¡no veo nada maldita sea!, es más, no sé ni donde estoy, aguzo el oído … bum-bum bum-bum … no se oye otra cosa que eso, me desespera y me irrita, intento concentrarme en otra cosa, pero el sonido es cada vez más intenso y más rápido bum-bum bum-bum bum-bum bum-bum bum-bum bum-bum. Me duele la cabeza, estoy harta, ¡intenta concentrarte en otra cosa! ¡inténtalo!, fuf … cierro los ojos, aunque no sé por qué, si no veo nada de nada, de repente siento un sabor agrio en la boca y una sensación de malestar me invade.

Será mejor que me levante llevo aquí demasiado rato, intento adelantar los brazos para saber si tengo espacio, pero no siento nada, es más, ni siquiera siento mis brazos, intento palparme el brazo izquierdo con la mano derecha, nada, no siento ni la mano, aunque era bastante obvio. Me doy cuenta de que en realidad sólo puedo sentir mi cabeza… y algo más… algo que duele, que me hace vibrar, que está provocándome una horrible desazón… justo ahí, a unos treinta centímetros de mi cara, es lo que produce ese horrible sonido y ahora que me doy cuenta de repente ha vuelto a ser más fuerte… bum-bum bum-bum bum-bum bum-bum bum-bum bum-bum … también siento algo cálido por mis mejillas, es húmedo, ¿estoy llorando? Cada vez es más fuerte el dolor, siento como si me hubieran puesto una maza encima y no dejaran de presionarla sobre ese punto que vibra y late, late … ¿es entonces mi corazón? Las lágrimas caen sobre él y de repente se vuelven un bálsamo sanador, me alivian, y hacen que el dolor se reparta más equitativamente … siento como sube por la garganta, asfixiándome, parece como si algo se hubiera quedado ahí atrapado y no pudiera salir, es una bola, lo noto, es tan irritante y agobiante … intento mantenerlo todo a raya, pensar bien en todo esto, pero cada vez se vuelve más intenso, no puedo más, no lo soporto.

De repente lo dejo salir, mi garganta se libera y de mi boca sale un aullido de pánico, de dolor, ya no está sellada, pero ahora ruge y llora. Mis ojos siguen anegados en lágrimas sanadoras que me resbalan por las mejillas y mi corazón palpita ferozmente, pero está frío a pesar de eso. Intento pensar en el porqué de ese dolos, concentrarme en él, explorarlo… y se me viene a la mente una sensación, algo cálido como un abrazo, veo imágenes de prados verdes y casitas de piedras, veo establos y vacas y me veo corriendo hacia ellos pequeña y juguetona, pero no puedo moverme con la facilidad habitual, pues un hombre me lleva de la mano y me la sujeta de firmemente, es una persona peculiar, no es muy alto, y va algo encorvado, tiene una prominente barriga, poco pelo, una nariz ancha, unos labios carnosos y es bantante mayor, me dice con una voz muy rara que no corra, que las vacas pueden asustarse, es una voz muy ronca, parece que le cuesta mucho hablar, pero le hago caso y bajo el ritmo, me siento cómoda a su lado, y me trata con cariño, empiezo a preguntarle de todo: por qué las tiene encerradas, que si tiene gallinas, qué pasaría si las soltara, por qué no las lleva a la montaña… ¡Qué pesada por Dios!, el hombre me mira con una expresión tierna en la cara y seguimos andando, luego alguien nos llama miro y veo a mi madre que agita una mano desde una ventanita en una casita de piedra “Abuelo, trae a la niña, vamos a comer” … mi abuelito y yo vamos hacia la casa de piedra y desaparecemos por el portal …

Luego de repente siento la ausencia de ese calor y me vuelve a invadir el frío, la pérdida, de repente ya sé por qué lloro, creía que no le recordaba, estoy tan lejos, hace tantos años que no había pensado en todo esto, tanto tiempo sin volver a estas tierras, ahora que puedo ver de nuevo y sé donde estoy miro la fría piedra que tengo a mis pies, la inscripción apenas lleva un día hecha, la piedra está a la misma temperatura que mi pecho y ahora me siento convulsionar de nuevo, más fuerte y sé por qué me siento tan sola…






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